Réplica educativa a escala 1:50 del complejo termal más emblemático de la Roma antigua. Incluye detalles de las bóvedas de cañón, el sistema de hipocausto y los canales de distribución de agua caliente y fría. Ideal para museos, universidades y coleccionistas de arqueología urbana.
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El sistema de calefacción principal era el hipocausto. Consistía en un horno subterráneo que generaba aire caliente, el cual circulaba bajo el suelo elevado (suspensura) y a través de las paredes mediante conductos de cerámica (tubuli). Este método permitía calentar las salas calientes (caldarium) y templadas (tepidarium) de manera eficiente, manteniendo una temperatura constante para los bañistas.
Las termas eran mucho más que un lugar para la higiene. Funcionaban como centros sociales y de ocio donde ciudadanos de todas las clases sociales se reunían para conversar, hacer negocios, leer poesía, hacer ejercicio en la palestra o simplemente relajarse. Eran un símbolo de la vida urbana y un espacio de integración comunitaria, con bibliotecas, jardines y tiendas anexas.
El suministro de agua dependía de la red de acueductos que traían agua desde manantiales lejanos hasta la ciudad. Una vez en las termas, el agua se almacenaba en grandes depósitos (castella aquae) y se distribuía a las diferentes piscinas y fuentes mediante tuberías de plomo o cerámica. El sistema de drenaje también era avanzado, canalizando el agua usada hacia el alcantarillado público (cloaca maxima).
Aunque a menudo se usan como sinónimos, las termas (thermae) solían ser complejos más grandes y lujosos, a menudo patrocinados por el emperador, que incluían múltiples salas con diferentes temperaturas, gimnasios y servicios culturales. Los baños públicos (balneae) eran establecimientos más pequeños y modestos, de propiedad privada o municipal, que ofrecían un servicio básico de higiene y baño a la comunidad local.
Los romanos empleaban una combinación de materiales para garantizar durabilidad y funcionalidad. El núcleo de las paredes era de hormigón romano (opus caementicium), revestido con ladrillos (opus latericium) o piedra. Para las bóvedas se usaba hormigón ligero. Los suelos y paredes de las salas húmedas se recubrían con mármol, mosaicos o estuco impermeable. El mármol travertino y el granito eran comunes en columnas y elementos decorativos.